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Museo Nacional de Antropología, un recinto para el pasado mexicano

Ciudad de México– Antes de entrar en la sala de exposiciones temporales, el presidente Adolfo López Mateos fumó un cigarrillo en compañía de su secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet.

Juntos admiraban el mural de Rufino Tamayo La lucha del día y la noche. Después ingresarían a la sala donde 90 mesas, cada una para diez personas, aguardaban para servir la cena. La jornada había sido larga: más de cinco horas dedicadas a inaugurar y recorrer “el Monumental Museo de Antropología”.

A la ceremonia de inauguración fueron invitadas tres mil personas, “procedentes de todas las latitudes del mundo, funcionarios, sabios, hombres de letras y cultura” que bajo el “paraguas” del patio central escucharon a cuatro oradores: Torres Bodet, titular de la SEP; Ignacio Marquina, presidente del Consejo de Instalación del Museo, Pedro Ramírez Vázquez, creador del espacio, y al mismo presidente López Mateos.

“Gracias arquitectos, ingenieros, antropólogos, historiadores, museógrafos, escultores, pintores, hombres de letras y obreros, todos que bajo la iluminada dirección de Pedro Ramírez Vázquez, tan diligentemente nos ayudasteis a presentar los tesoros entres estos muros”, afirmó ese día Torres Bodet.

Frente a los invitados en el patio central, la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la batuta de Carlos Chávez, amenizó cada uno de los espacios entre discurso y discurso.

“Sentimos orgullosamente nacional este museo, porque su continente y su contenido han sido elaborados ayer y hoy por manos mexicanas”, afirmó el arquitecto Ramírez Vázquez. La ceremonia terminó a las 12:50 horas y fue televisada a nivel nacional. Casi para finalizar la OSN tocó el Himno Nacional Mexicano y, acto seguido, se descubrió la placa inaugural.

Después el mandatario dedicó una hora 45 minutos para recorrer 13 salas del museo, equivalentes a unos cinco kilómetros de galerías y espacios abiertos del recinto que sigue siendo uno de los más visitados del país con sus 44 mil metros cuadrados cubiertos, 35 mil 700 descubiertos y pavimentados con losas de recinto o adoquín de Querétaro, 13 mil 100 de estacionamiento y 35 mil 600 de jardinería exterior.

Ignacio Bernal, quien fungió como director del nuevo museo y que ya lo era de su antecesor en el antiguo domicilio de Moneda (donde se conservaron los tesoros arqueológicos por 98 años), fue el encargado de encabezar la visita presidencial por las flamantes salas de la planta baja que relucían con su piso de mármol negro de Tepeaca. Aire acondicionado, lavado de aire, alarmas contra robo e incendio, equipos transmisores para los radioguías electrónicos y equipo especial de iluminación al servicio de cien mil piezas arqueológicas de todo el país.

Los halagos llegaban por todos lados: René Mahue, director general de la UNESCO, dijo que el reciento “es impresionante, me cautivan los grandes espacios. Espero que el pueblo y la juventud vengan en gran cantidad para ver los testimonios de su pasado y se inspiren para construir el presente”. La prensa nacional registró también el beneplácito por la obra, unas 48 constructoras de la época agradecían al presidente la edificación en un desplegado a página completa.

La publicidad también se montó en el acontecimiento. Hubo muestras de agradecimiento de empresas como Vendo, que instaló la primera unidad “para la venta automática de alimentos” en el espacio y la empresa de muebles Briomica utilizó la imagen de Tláloc e hizo una descripción de la pieza arqueológica comparándola con sus propias características de durabilidad.

Al finalizar el recorrido presidencial, López Mateos se dirigió a la pequeña sala construida en el vestíbulo con la forma de la pirámide de Cuicuilco donde observó un espectáculo introductorio elaborado por Julio Prieto.

Después descorrió la cortinilla azul que cubría el mensaje grabado sobre mármol de Durango con las palabras de Torres Bodet: Sus funciones “inspirar a los mexicanos junto con el orgullo de la historia heredada, el sentido de la responsabilidad colectiva ante la historia que están haciendo y la que habrán de hacer en lo porvenir”.

El MNA, sin embargo, no abriría sus puertas al público en general sino hasta el domingo 20 de septiembre. El entonces director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Eusebio Dávalos Hurtado, anunció que ese día se abriría de las diez a las seis de la tarde, pero que cerraría totalmente el lunes.

Las puertas se abrieron de martes a viernes “de cinco de la tarde a diez de la noche”, porque, dijo, “continúan los trabajos de instalación y montaje de muchas piezas y, sobre todo, a que faltan muchos de los letreros”

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