Los medios no deberían estar al servicio de los gobiernos estatales

Ciudad de México.- “El Sopas”, así le dicen a un conocido “Periodista”, metido a comentarista de televisión, debido a la gran popularidad que ha obtenido con su programa -que precisamente se denomina así: “Sopas”- por la vehemencia con la que habla a su público y la pasión que imprime a sus comentarios.

Se trata de Heriberto Norzagaray, hermano de Ángel -del mismo apellido- éste último reconocido por ocupar algunos cargos dentro del gobierno de Baja California.

Pues sucede que Heriberto, se encuentra desde hace más de un mes en medio de un conflicto con el director de Comunicación Social del gobierno del Estado, Raúl Reynoso Nuño, al que acusó públicamente de quererlo “chantajear”, con lo que aseguraba que era una “supuesta grabación” que  tendría el funcionario, y en la que se documentaba que le pidió una importante cantidad de dinero a fin de modificar su posición crítica en contra del gobernador de la entidad.

Reynoso presentó la correspondiente declaración, acusando que los hechos que presentó “El Sopas” son totalmente infundados que dice que llegará hasta las últimas consecuencias

¿Los medios pueden “reclamar” pagos por supuesta publicidad cuando les dé la gana? Dista mucho de la posición ética que un medio, y un periodista (aunque él no lo es) deben guardar en este sentido, y sobre todo cuando se trata de recurso oficial.

El papel de los medios es informar a la comunidad, sin embargo allegados a funcionarios públicos, sí están “refaccionando” a algunos  “periodistas” (o pseudos) para que defiendan a sus jefes o golpeen a quienes no están de acuerdo, sin embargo, y esto lo hemos sostenido, tampoco aceptamos que quienes abren un blog, o publican una página de Facebook con muchos “likes”, o como en este caso, tengan acceso a un espacio de televisión o radio, exijan dinero para golpear a otros, o para “callar” aquello que pudieran saber, a cambio de dinero.

La opinión pública no debería regirse por cuánto dinero o quiénes pagan a dichos medios. Aunque los hay peores, que exigen una importante suma de dinero, para no difundir mentiras, cosa que hoy fácilmente pueden hacer, solamente con manejar un teléfono móvil, inventar un programa en las redes o simplemente dar “su opinión”, sin el mínimo cuidado de los aspectos básicos que la ética obliga, sin pudor y sin vergüenza.

 

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