Así se mata a los periodistas en México

Otra muerte de un periodista, otra vez en Veracruz. Gumaro Pérez Aguilando, reportero de La Voz del Sur, fue asesinado ayer en Acayucan, de la peor manera: Ante la vista de su hijo al que acompañaba a un festival navideño en su escuela primaria.

Tristemente, la única constante en México han sido los asesinatos a periodistas, colocando al país como el más peligroso, junto a Siria, para ejercer esta profesión.

“Los brutales asesinatos de periodistas en México y en muchos otros países muestran, trágicamente, cómo la impunidad de los asesinos de periodistas provoca más homicidios”, declaró la directora del Instituto Internacional de Prensa (IPI), Barbara Trionfi.

Los asesinatos y constantes amenazas cometidas contra los periodistas en el país demuestran el deterioro del ejercicio pleno de la libertad de expresión.

El mismo día del asesinato de Gumaro Pérez, Reporteros sin Fronteras dio a conocer su informe mundial 2017 que sitúa a México en el segundo lugar de asesinatos de periodistas en el mundo, por debajo de Siria, que tiene una guerra civil abierta desde hace seis años

La situación para el gremio se recrudece cada vez más y lo peor es que la voluntad para resolverlo es nula.
La Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la CIDH establece que el asesinato, secuestro, intimidación, amenaza a los comunicadores sociales, así como la destrucción material de los medios de comunicación, viola los derechos fundamentales de las personas y coarta severamente la libertad de expresión, por lo que es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos, sancionar a sus autores y asegurar a las víctimas una reparación del daño adecuada.

La inseguridad y violencia han invadido también a la prensa mexicana. Ahora ¿Cuántos crímenes más debemos esperar? ¿Hasta cuándo la impunidad dejará de ser una constante? ¿Puede prosperar una sociedad sin las más mínimas garantías de seguridad? ¿Cómo vivir en un país donde el trabajo honesto y digno debe sacrificarse, abandonarse o esperar la cobardía del atentado?

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