¿Y los resultados de la reforma energética?

México ya es un importador de gasolinas, su moneda se ha devaluado significativamente y su único productor nacional (Pemex Refinación) muestra deficiencias y sobrecostos en todas las variables de análisis.

Al parecer las dichosas reformas estructurales no sirven ni para aumentar la competencia y disminuir los precios. En el mercado de EU, el precio de la gasolina subió de 2.35 dólares por galón en enero a 2.50 dólares en octubre, y que se prevé que llegue a 2.57 dólares en junio 2018. Pablo González Córdova, presidente de la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros (Amegas), advierte sobre un aumento en los precios de la gasolina.

Explican que los precios de la gasolina y el petróleo se han incrementado en los mercados internacionales y las importaciones que realiza México son más caras. Con el gasolinazo del 1 de enero de 2017, Pemex recibió casi 600 millones de pesos diarios y le ha permitido mantener precios artificialmente. Ahora quién sabe qué se van a inventar para justificar el que viene.

Presuntamente el incremento dependerá de la inflación, los precios que fije Pemex para combustibles y los subsidios que la Secretaría de Hacienda mantenga en el IEPS. Luis Miguel Labardini, socio de la firma Marcos y Asociados, consultora especializada en la industria energética mexicana, sostuvo que las condiciones globales estarían obligando a las autoridades a elevar los costos: “un elemento a añadir sería el tipo de cambio, que también ha jugado para encarecer las compras externas, en este caso gasolinas”.

En la lista de estados próximos a liberalizar los precios a finales de noviembre figura la Ciudad de México, Jalisco, Puebla, el Estado de México y Veracruz. El gasolinazo ciertamente afecta a la población, porque se trata de un insumo que atañe a todas las mercancías, incluida la fuerza de trabajo, y que por lo tanto constituye un factor ineludible del alza de los precios y en consecuencia una disminución de los ingresos reales de la población.

Pero al margen de su importancia directa, también es que constituye la última medida de una larga cadena de despojo de los trabajadores, de empobrecimiento generalizado y de aumento de la brecha de desigualdad.

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