Vivir con miedo no es vivir y tampoco es normal ¡Entiéndanlo ya!

La realidad es ineludible, aunque los hechos quieran disfrazarse. Nuestras mujeres están muriendo, por docenas, todos los días. En todo el país, en todos los estratos sociales, en las circunstancias más absurdas: Lo mismo tras una discusión en casa, que caminando por una calle o al abordar el transporte público. Nuestras mujeres están siendo asesinadas por personas que creen que, de alguna manera, tienen el derecho de hacerlo. Llegando a un punto donde no se sabe qué es lo más grave, si el hecho o que esta situación parezca de lo más normal para las autoridades, para las mujeres, para todos.

¡Esto tiene que parar y en ninguna circunstancia es algo normal, están acabando con nuestras mujeres y no podemos permitir que la sociedad siga haciendo como si no pasara nada!

Los feminicidios ocupan los discursos políticos, pero no las acciones de la autoridades. La violencia de género está en las campañas, pero no en el ejercicio de gobierno. Los gobiernos están más ocupados dando pésames que dando seguridad. Más enfocados en la “enérgica condena” que en los protocolos para abatir el crimen.
Cada que matan a una mujer, no solo asoma la cara la violencia, también la ignorancia lo hace. Que si la ropa, que si la hora, que si el alcohol. Carajo. Matan mujeres y no es por la ropa, no es por la hora ni por el alcohol. Es por la impunidad.

Los feminicidios ocurren porque quienes los cometen creen que no habrá castigo. Y la mayoría de las veces, tienen razón. En el más reciente caso (o al menos el que se le ha dado mayor difusión, porque no olvidemos que hay muchas mujeres más que en este momento están desaparecidas o asesinadas), el chofer del vehículo donde viajaba Mara, la joven de 19 años, a la que le gustaba salir al cine, leer, divertirse y volver hasta tarde a casa; Ricardo Alexis, está detenido. Hay videos y pruebas que dan cuenta de lo que sucedió con Mara, quien sufrió agresión sexual, murió estrangulada y cuyo cuerpo fue arrojado envuelto en una sábana.

Tal es la normalización de este problema que, Cabify supo a los 58 minutos que Mara no aparecía y no actuó. Tan poco les importó que el viernes, cuando apareció el cuerpo, solo lamentaron “el fallecimiento” en un comunicado. “Fallecimiento” no es la palabra que describiría el brutal asesinato. La empresa tiene responsabilidad, como la tienen las autoridades. Sin embargo las condiciones de uso los excluyen de cualquier culpa. Ambos ofrecieron seguridad y fueron incapaces de darla. Un auto de Cabify se convirtió en trampa mortal. Un gobierno omiso le puso los clavos al ataúd.

Miles de personas han salido a las calles este domingo en varios puntos del país en protesta por el asesinato de Mara Castilla, pidiendo a gritos que termine esta situación que afecta a todas las mujeres que de una u otra manera son culpadas por no tener la seguridad que merecen.

¿Cuándo “dejarán de ser normales” los feminicidios en México?

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