Cuatro preguntas a Peña Nieto

Ciudad de México- Este jueves fue histórico. Peña Nieto se dirigió a la nación para exponer la estrategia que utilizará para evitar más Igualas. Para mí, su discurso fueron dos cosas. Fue la aceptación implícita de que su gobierno se equivocó al creer que el problema de inseguridad era fruto de una mala estrategia de comunicación de Calderón, en la que se había puesto el tema demasiado en la mira pública. Y fue la aceptación de que la razón por la cual el problema no se ha solucionado es, por encima de todo y tristemente, falta de voluntad por hacerlo.

El discurso mostró que nuestra inseguridad es un problema de voluntad porque muchas de las diez propuestas que nos hizo Peña ya se venían discutiendo desde antes (sin poder aprobarse), o porque son políticas que ya existían pero que no se había logrado hacerlas funcionales.

No necesitamos, como se propuso, una Ley contra la infiltración del crimen organizado en los gobiernos municipales porque esa ley ya existe, se llama Código Penal. Un código que castiga al crimen organizado, a la corrupción, al homicidio y a los delitos contra la salud. Lo que necesitamos es voluntad para aplicarlo. Qué refrescante hubiera sido una propuesta para el término del fuero constitucional de todos los gobernantes a fin de que todo criminal organizado, presidente municipal o no, fuera sujeto de sanciones penales. ¿Por qué no nos propusieron acabar con fueros y aplicar el Código Penal?

No necesitamos, como se propuso, un número 911 para llamadas de emergencia de seguridad porque ya tenemos uno, se llama 066. El 066 es un sistema que opera 24 horas y 365 días al año para denunciar delitos y ofrecer auxilio a los ciudadanos que requieran el apoyo de unidades y elementos de policía. Lo que necesitamos es voluntad para hacerlo funcionar. ¿Por qué no nos propusieron que ahora sí se haría la chamba de operarlo correctamente?

No necesitamos, como se propuso, que no habrá tregua para la implementación de la reforma de justicia aprobada en 2008 (la que requiere la implementación de juicios orales para 2016) porque eso esperábamos de ellos. Lo que necesitamos es que nos dijeran que ahora sí tendrían la voluntad de comenzar a aplicar la reforma de manera amplia a nivel federal y que presionarán a Tlaxcala, Baja California Sur y Campeche (los estados más atrasados en la implementación de la misma). ¿Por qué nos propusieron, simple y llanamente, hacer su chamba, si es su chamba hacerlo?

No necesitamos, como se propuso, aprobar el Sistema Nacional Anti-corrupción, sino que nos expliquen por qué, si dicho sistema se ha venido discutiendo desde hace meses, es hasta ahora que se han decidido a aprobarlo. ¿Por qué no nos dijeron cómo ampliarían la propuesta del PAN, que ya está en discusión en el Congreso?

Aun así, este jueves fue, para mí, una luz de esperanza. Si una de las propuestas hechas se aprueba e implementa (por clarificar la competencia de los delitos en distintos niveles de gobierno), este jueves se habrá sembrado el cambio más fundamental en materia de Estado de derecho de la década. Si, como propusieron, se redefine y da claridad a qué delitos compete perseguir a cada nivel de gobierno, si se logra identificar al nivel de gobierno responsable de sancionar y perseguir cada crimen, se crearán incentivos para la eficiencia judicial que nuestro país nunca ha visto. Basta de tirarnos la bolita entre niveles de gobierno. Habrá transparencia en quién no está haciendo su trabajo.

Dentro de todo, y con todo, confieso: yo quiero creer.

Quiero creer que este jueves fue el comienzo de un gobierno con voluntad para hacer la chamba que debió haber hecho desde antes. Quiero creer que se definirán competencias entre niveles de gobierno, que se hará funcional al 066, que se implementará la reforma de justicia, que se aprobará un tribunal anti-corrupción amplio y con dientes y que se propondrá la eliminación del fuero. Quiero creer. Que no nos defrauden.

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